jueves, 10 de noviembre de 2011

La fantasía de la abeja.

Cuentos populares de la India. Cuentos infantiles.Cuentos de reflexión.


La fantasía de la abeja



Era una abeja llena de alegría y vitalidad. En cierta ocasión, volando de flor en flor y embriagada por el néctar, se fue alejando imprudentemente de su colmena más de lo aconsejable, y cuando se dio cuenta ya se había hecho de noche. Justo cuando el sol se estaba ocultando, se hallaba ella deleitándose con el dulce néctar de un loto. Al hacerse la oscuridad, el loto se plegó sobre sí mismo y se cerró, quedando la abeja atrapada en su interior. Despreocupada, ésta dijo para sí: “No importa. Pasaré aquí toda la noche y no dejaré de libar este néctar maravilloso. Mañana, en cuanto amanezca, iré en busca de mis familiares y amigos para que vengan también a probar este manjar tan agradable. Seguro que les va a hacer muy felices”.
La noche cayó por completo. Un enorme elefante hambriento pasó por el paraje e iba engullendo todo aquello que se hallaba a su paso. La abeja, ignorante de todo lo que sucediera en el exterior y cómodamente alojada en el interior del loto, seguía libando.
Entonces se dijo: “!Qué néctar tan fantástico, tan dulce, tan delicioso!
¡Esto es maravilloso! No sólo traeré aquí a todos mis familiares, amigos y vecinos para que lo prueben, sino que me dedicaré a fabricar miel y podré venderla y obtener mucho dinero a cambio de ella y adquirir todas las cosas que me gustan en el mundo”. Súbitamente, tembló el suelo a su lado. El elefante engulló el loto y la abeja apenas tuvo tiempo de pensar: “Éste es mi fin. Me muero”.


El Maestro dice: Sólo existe la seguridad del aquí-ahora. Aplícate al instante, haz lo mejor que puedas en el momento y no divagues.



jueves, 3 de noviembre de 2011

Mi caballo.

Escritora Argentina. Poesías de animales.



Súbete a mi caballo
que inventaremos un mundo,
este alazán lo he comprado
para recorrerlo juntos.

Como es muy gordo y muy alto,
le cuesta subir la cuesta,
aunque eso importa muy poco
si es un caballo con ruedas.

Nos iremos a la playa
a construir castillitos,
hechos de arema y de agua
por las manos de chiquitos.

Y mientras mi caballo trota,
no tengas miedo, mi niño,
porque es caballito manso
que quiere mucho a los chicos.

Súbete a mi caballo
que ahora se ha puesto alas,
para que mires el mundo
desde una nube rosada.

No tengo más que un caballo
que quiere darte alegría,
no te pierdas esta fiesta
que significa la vida.


Hecho el depósito de ley 11.723. Derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial.
Nro. Expte. Direc. Nac. Derechos de Autor 757533.



miércoles, 26 de octubre de 2011

EL CÁNTARO AGRIETADO

Una anciana mujer china tenía dos grandes cántaros, cada uno colgaba de un extremo de un palo que transportaba apoyándolo en su cuello.

Uno de los cántaros tenía una grieta mientras que el otro estaba perfecto y siempre llegaba con la porción completa de agua.

Al final de un largo camino desde la fuente hasta la casa, el cántaro agrietado llegaba sólo medio lleno.



Durante dos años enteros esto fue sucediendo cada día, y la mujer llegaba a la casa con sólo un cántaro y medio de agua.

Por supuesto, el cántaro perfecto estaba orgulloso de su logro. Pero el pobre cántaro agrietado se sentía avergonzado de su imperfección y desgraciado por no poder cumplir más que la mitad de la tarea para la que había sido creado.



Después de dos años de lo que parecía un amargo fracaso, un día en la fuente el cántaro le habló a la mujer.

- "Estoy avergonzado de mí mismo porque esta grieta que tengo en un lado hace que el agua se pierda por el camino de vuelta a tu casa."

La anciana sonrió:

- "¿Te has dado cuenta de que hay flores en tu lado del camino, pero no en el lado del otro cántaro?

Eso es porque siempre he sabido tu defecto, así que planté semillas de flores en tu lado del camino y cada día, mientras caminamos de regreso, tú las vas regando.

Durante dos años he podido recoger estas bonitas flores para decorar la mesa.

Si no fueras como eres, no habría esta belleza para adornar la casa."

miércoles, 19 de octubre de 2011

El Elefante Encadenado.


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Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran
los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de su peso, tamaño y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.
El misterio es evidente:
¿Qué lo mantiene entonces?
¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapa porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia:
–Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan?
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.
Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.
Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:
El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.
Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo.
La estaca era ciertamente muy fuerte para él.
Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía...
Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a sus destino.
Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree –pobre– que NO PUEDE.
Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer.
Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.
Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...
Vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad... condicionados por el recuerdo de «no puedo»...
Tu única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento todo tu corazón...
JORGE BUCAY