sábado, 19 de enero de 2013

UN CHOCOLATE MUY ESPECIAL

- Mami, mami, hoy llegó una niña nueva a la escuela.
- Que bien cariño, ¿Jugaste con ella?
- No mami, la mordí.
- ¿La mordiste? pero, ¿por qué lo hiciste?, la niña nueva estará muy triste.
- Mami, yo quería probarla.
- ¿Probarla?
- Si mami, la niña nueva es de chocolate y otros niños la llamaron negra.
- ¿De chocolate?, ¿Negra? ¡Oh! Cariño ya entiendo. Ven, acércate, siéntate junto a mi, quiero contarte una historia…
Mira hace muchos años, en un país muy lejano existía una pequeña aldea en la que sus habitantes vivían muy tristes, porque el Sol cada día brillaba tan fuerte que solo les quedaba la noche para poder salir fuera de sus casas. Los niños no podían ir a la escuela, los papás no podían ir al trabajo…
- Pero mami, hoy también brillaba el Sol fuerte y fuimos a la escuela…
- Tienes razón cariño, pero fíjate, escucha…
En aquella aldea además de brillar muy fuerte el Sol, quemaba tanto, que los campos estaban sin flores, los ríos se secaban y si sus rayos tocaban en la piel de los aldeanos les producía unas quemaduras terribles. Entonces un día una niña pequeña como tú, le dijo a su mamá:
- Mami, esta noche buscaré al Señor Sol y le pediré por favor que deje de quemar nuestros campos, de secar nuestros ríos y de dañar nuestra piel. Él no me da miedo, la noche me protegerá y yo me cubriré muy bien.
La niña subió muy despacito una gran montaña esperando sin miedo a que el Señor Sol apareciera en el horizonte.
- ¡Señor Sol, Señor Sol!
- ¿ Quién me despierta tan temprano?, Aún no ha amanecido- La voz del Señor Sol era un poco ronca pero la niña no se asustó y continúo llamándole…
- ¡Señor Sol, Señor Sol por favor deje de quemar a mi pueblo!
Entonces el Señor Sol abrió sus brillantes y grandes ojos sorprendiéndose al ver a una niña pequeña envuelta en telas de muchos colores, despertándole tan temprano.
- ¿Qué haces aquí pequeña?¿Por qué llevas esas telas?, apenas puedo verte. ¿No tendrías que estar en la escuela?- Le preguntó El Señor Sol un poco disgustado-
Entonces la niña le explico con todo detalle el motivo de su visita.
- Si me quito estas telas, quemarás mi piel clara y me dolerá mucho- El Señor Sol se quedó muy pensativo y transcurridos unos minutos a los que la niña espero pacientemente le dijo:- Eres muy valiente, y tienes un gran corazón porque no solo has venido por ti, así que voy a hacerte un regalo.
Buscó en un bolsillo de su gran bola radiante, sacando de él unos saquitos que entregó a la niña diciéndole: - Mira, dentro de estos saquitos hay unos pequeños escudos mágicos que protegerán tu piel y a todos los habitantes de tu aldea. Tu piel se oscurecerá y estará siempre protegida contra mis fuertes rayos. Para tus campos y tus ríos,
mandaré a mis amigas las nubes para que preparen las estaciones de las lluvias y no se olviden de tu aldea.
La pequeña agradeció al Señor Sol todos sus regalos y marchó rápido hacia la aldea. Al día siguiente, todos los habitantes de la aldea habían puesto ya en su piel los pequeños escudos mágicos que les protegerían de los fuertes rayos solares. Su piel se oscureció, ¡estaban radiantes! Y la aldea volvió a la normalidad.

-Mami, entonces, ¿mi amiguita viene de un país lejano?. – Seguramente cariño, sus abuelitos o sus antepasados vinieron de lugares donde el Señor Sol quema mucho y una fina capa de su piel se oscurece para protegerles. Por eso tu pensaste que tu amiguita era de chocolate.
-Gracias mami, mañana le daré muchos besitos a mi nueva amiga, le pediré perdón y jugaremos juntas. Sabes mami, su cara estaba radiante.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Miguel

Miguel


PULSA AQUÍ PARA ESCUCHAR: Miguel


Miguel era un niño un tanto extraño. O al menos eso pensaban los demás niños, y así le miraban cuando, sin mucho sentido, corría entre los tablones de madera que delimitaban el arenal, y con los que más de una vez chocaba, caía de culo y
tras quedar un tanto desconcertado, sacudía la cabeza intentando comprender que es lo que había pasado, se levantaba, y volvía a correr de un lado para otro aparentemente descontrolado.
Miguel era bajito, delgado y moreno, nada fuera de lo común, a no ser por las gruesísimas gafas graduadas de velo blanco que dibujaban, a su través, unos enormes ojos marrones y, por gracias del destino, uno de ellos con una clara predisposición a un estrabismo galopante; por lo cual, nunca se sabía si Miguel te estaba escuchando o, en cualquier momento, volvería a salir corriendo sin control y -seguramente- chocando contra el primer obstáculo que encontrara en su camino.

Miguel había nacido muy sano, notablemente chillón nada más respirar, tras la palmada en el trasero de la comadrona, y extraordinariamente inquieto, algo que ya se había temido su madre, pues apenas la había dejado tranquila un momento desde el mismo instante en que Miguel -el feto- dispuso de extremidades lo suficientemente bien formadas para empezar a extrañar, a propios y extraños, con su innata afición, ya intrauterina, a la carrera descontrolada.
Nada más remarcable, a parte de una tremenda miopía a la que el pediatra, sin mucha fortuna, no había dado más importancia, tranquilizando a los padres informándoles de que, en unos meses, el propio cerebro de Miguel corregiría.

Pero no fue así.

Al cerebro de Miguel le encantaba su miopía y, desde pequeño, miraba las cosas de un modo diferente; así, donde sus compañeros de clase veían a Galateo -el labrador blanco del profesor Matías, que este solía llevar al parque a pasear- Miguel veía un enorme dragón albino con muchas ganas de bronca.


Aclaración del autor respecto a la palabra “culo” en el cuento:
Aunque la palabra en cuestión puede tener diferentes significados dentro de un texto, y que puede ser más o menos ofensiva según el país de habla hispana; esta palabra se ha usado en este cuento en su sentido más inocente y sin ningún significado peyorativo. Estos serían algunos ejemplos al uso:
  • […]con dragones y princesas y castillos encantados, el que no levante el culo se le quedará pegado.
  • […]La jirafa se tiró por el tobogán y se cayó de culo y se fue rodando, rodando hasta llegar a una caja.[…] URL: www.doredin.mec.es/documentos/01820082003324.pdf

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Miguel por cuentos-cortos.deegroove.com bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.
 
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domingo, 25 de noviembre de 2012

María y el Caracol


María y el Caracol


Encontrado en :  web cuentos-cortos.deegroove.com.

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(para Bixi)
cuentos Maria y el Caracol

María salía por las noches para conversar con su amiga. Aunque más que conversar, María la escuchaba mientras ella le contaba cosas del pasado, cosas del presente, cosas del futuro.¡Su amiga sabía tanto!.
—Es una de las ventajas de ser eterna; desde tu punto de vista, claro —Se burlaba un poco de María mientras la miraba con dulzura. Pero María no rechistaba y solo podía mirarla embobada. Era tan bonita, era tan perfecta.
María encontró a su amiga en una de las muchas noches en que salía de expedición por los campos que rodeaban la casa. Esa noche, María estaba en cuclillas mirando como un caracol cruzaba el camino. Pensaba en lo valiente que era el caracol y lo esforzado que se le veía arrastrando su casita. Le daban ganas de cogerlo y dejarlo al otro lado.
 —Tal vez así te ayude un poco a llegar a tu destino —Pensaba toda seria.
Estaba muy concentrada pensando si era lícito o no ayudar al caracol. Si debía prestarle un poco de ayuda llevándole al otro lado del camino.
—Para mi no es ningún esfuerzo —Se decía— Pero… ¿Debes ser tu el único merecedor de todo el esfuerzo? Entonces no debería ayudarte —Se replicaba María a si misma.
Y mientras se debatía ante el dilema oyó una voz sobre su cabeza que le dijo:
—¿Por qué no le preguntas al caracol?
María ni siquiera se giró, la sentencia era tan evidente. Esa era la respuesta. Simplemente genial: “Preguntarle al caracol”.
María se levantó, rodeo al caracol y volvió a ponerse en cuclillas; esta vez frente a él.
—Caracol —le dijo— ¿Quieres que te lleve al otro lado del camino?
El caracol detuvo su lenta marcha y apuntando a María con sus dos ojos levantó y bajó un par de veces su cabeza en un gesto claramente afirmativo. María entonces cogió al caracol por la concha, lo puso sobre la palma de su mano y con mucho cuidado lo llevo al otro lado del camino para que, tan valiente y esforzado como antes, retomase su camino.

 
 
María y el Caracol@ por Daniel Fuentes bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.
 
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jueves, 22 de noviembre de 2012

El gusano y la flor


Había una vez un gusano que se había enamorado de una flor.
Era por supuesto, un amor imposible, pero el animalito no quería seducirla ni hacerla su pareja. Ni siquiera quería hablarle de amor. Él solamente soñaba con llegar hasta ella, y darle un beso. Un solo beso.

Cada día, y cada tarde, el gusano miraba a su amada, cada vez más alta, cada vez más lejos. Cada noche soñaba que, finalmente, llegaba a ella y la besaba.

Un día, el animalito decidió que no podía seguir soñando cada noche con la flor y no hacer nada para cumplir su sueño. Así que, valientemente, avisó a sus amigos, los escarabajos, las hormigas y las lombrices, que treparía por el tallo para besar a la flor.

Todos coincidieron en que estaba loco, y la mayoría intentó disuadirlo, pero no hizo caso. El gusano llegó arrastrándose hasta la base del tallo y comenzó la escalada.

Trepó toda la mañana y toda la tarde, pero cuando el sol se ocultó, sus músculos estaban exhaustos.

- "Pasaré la noche agarrado del tallo, y mañana seguiré subiendo. Estoy más cerca que ayer", pensó, aunque sólo había avanzado diez centímetros y la flor estaba a más de un metro y medio de altura.

Sin embargo, lo peor fue que, mientras el gusano dormía, su cuerpo viscoso y húmedo resbaló por el tallo, y por la mañana el gusano amaneció donde había comenzado un día antes.

Miró hacia arriba y pensó que debía redoblar los esfuerzos durante el día y aferrarse mejor durante la noche. De nada sirvieron las buenas intenciones. Cada día, el gusano trepaba, y cada noche, resbalaba otra vez hasta el piso. Sin embargo, cada noche, mientras descendía sin saberlo, seguía soñando con un beso deseado.

Sus amigos le pidieron que renunciara a su sueño, o que soñara otra cosa, pero el gusano sostuvo, con razón, que no podía cambiar lo que soñaba cuando dormía, y que si renunciaba a sus sueños, dejaría de ser quien era.

Todo siguió igual durante días, hasta que una noche que el gusano soñó tan intensamente con su flor, que sus sueños se transformaron en alas... y a la mañana el gusano despertó mariposa, desplegó las alas, voló a la flor... y la besó.