lunes, 15 de octubre de 2012

El portero del prostíbulo.


Este cuento trata sobre un hombre común. Ese hombre era el portero de un prostíbulo.
No había en aquel pueblo un oficio peor conceptuado y peor pagado que el de portero del prostíbulo... Pero ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre?

De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio. En realidad, era su puesto porque su padre había sido el portero de ese prostíbulo y también antes, el padre de su padre. Durante décadas, el prostíbulo se pasaba de padres a hijos y la portería se pasaba de padres a hijos.Un día, el viejo propietario murió y se hizo cargo del prostíbulo un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El joven decidió modernizar el negocio.

Modificó las habitaciones y después citó al personal para darle nuevas instrucciones.

Al portero, le dijo:

- "A partir de hoy, usted, además de estar en la puerta, me va a preparar una planilla semanal. Allí anotará usted la cantidad de parejas que entran día por día. A una de cada cinco, le preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían del lugar. Y una vez por semana, me presentará esa planilla con los comentarios que usted crea convenientes."

El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al trabajo pero...

- "Me encantaría satisfacerlo, señor", balbuceó. "Pero yo... yo no sé leer ni escribir."

- "¡Ah! ¡Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no puedo pagar a otra persona para que haga estoy y tampoco puedo esperar hasta que usted aprenda a escribir, por lo tanto..."

- "Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida, también mi padre y mi abuelo..."

No lo dejó terminar.

- "Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Lógicamente le vamos a dar una indemnización, esto es, una cantidad de dinero para que tenga hasta que encuentre otra cosa. Así que, los siento. Que tenga suerte."

Y sin más, se dio vuelta y se fue.

El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. Llegó a su casa, por primera vez, desocupado. ¿Qué hacer?

Recordó que a veces en el prostíbulo cuando se rompía una cama o se arruinaba una pata de un ropero, él, con un martillo y clavos se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo.

Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba, sólo tenía unos clavos oxidados y una tenaza mellada. Tenía que comprar una caja de herramientas completa. Para eso usaría una parte del dinero que había recibido.

En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo no había una ferretería, y que debería viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. ¿Qué más da? Pensó, y emprendió la marcha. A su regreso, traía una hermosa y completa caja de herramientas. No había terminado de quitarse las botas cuando llamaron a la puerta de su casa. Era su vecino.

- "Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme."

- "Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar... como me quedé sin empleo..."

- "Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano."

- "Está bien."

A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta.

- "Mire, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?"

- "No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería está a dos días de mula."

- "Hagamos un trato", dijo el vecino. "Yo le pagaré a usted los dos días de ida y los dos días de vuelta, más el precio del martillo, total usted está sin trabajar. ¿Qué le parece?"

Realmente, esto le daba un trabajo por cuatro días... Aceptó. Volvió a montar su mula. Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa.

- "Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?"

- "Sí..."

- "Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatro días de viaje y una pequeña ganancia por cada herramienta. Usted sabe, no todos podemos disponer de cuatro días para nuestras compras."

El ex–portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue..“...No todos disponemos de cuatro días para hacer compras”, recordaba.

Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara a traer herramientas.
En el siguiente viaje decidió que arriesgaría un poco del dinero de la indemnización, trayendo más herramientas que las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo en viajes.

La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje. Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes.

Pronto entendió que si pudiera encontrar un lugar donde almacenar las herramientas, podría ahorrar más viajes y ganar más dinero. Alquiló un galpón. Luego le hizo una entrada más cómodo y algunas semanas después con una vidriera, el galpón se transformó en la primera ferretería del pueblo. Todos estaban contentos y compraban en su negocio.

Ya no viajaba, de la ferretería del pueblo vecino le enviaban sus pedidos. Él era un buen cliente.Con el tiempo, todos los compradores de pueblos pequeños más lejanos preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha.

Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para él las cabezas de los martillos. Y luego, ¿por qué no? las tenazas... y las pinzas... y los cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos...

Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años aquel hombre se transformó con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas. El empresario más poderoso de la región. Tan poderoso era, que un año para la fecha de comienzo de las clases, decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñarían además de lectoescritura, las artes y los oficios más prácticos de la época.

El intendente y el alcalde organizaron una gran fiesta de inauguración de la escuela y una importante cena de agasajo para su fundador. A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad y el intendente lo abrazó y le dijo:

- "Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro de actas de la nueva escuela."

- "El honor sería para mí", dijo el hombre. "Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir. Yo soy analfabeto."

- "¿Usted?", dijo el intendente, que no alcanzaba a creerlo.

- "¿Usted no sabe leer ni escribir?¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto ¿qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir?"

- "Yo se lo puedo contestar", respondió el hombre con calma. "¡Si yo hubiera sabido leer y escribir... sería portero del prostíbulo!."

Adaptado por Jorge Bucay

sábado, 8 de septiembre de 2012

EL MEJOR ESCONDITE


En el principio de los tiempos, se reunieron varios demonios para hacer una travesura.
Uno de ellos dijo:
“Debemos quitarles algo a los humanos, pero, ¿qué les quitamos?”.
Después de mucho pensar uno dijo:
“¡Ya sé!. Vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser dónde esconderla para que no la puedan encontrar”.
Propuso el primero:
“Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo”…
…. Inmediatamente contestó otro:
“No, recordá que tienen fuerza, alguna vez alguien puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán donde está”.
Luego propuso otro:
“Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar” y otro contestó:
“No, recuerda que tienen curiosidad, alguna vez alguien construirá algún aparato para poder bajar y entonces la encontrarán”.
Otro dijo:
“Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra”. Y le dijeron:
“No, recuerda que tienen inteligencia, y un día alguien va a construir una nave en la que pueda viajar a otros planetas y la va a descubrir, y entonces todos tendrán felicidad”.
El último de ellos era un demonio que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás.
Analizó cada una de ellas y entonces dijo:
“Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren”.
Todos lo miraron asombrados y preguntaron al mismo tiempo:
“¿Dónde?”. El demonio respondió: . . . .
“La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán”.
Todos estuvieron de acuerdo y desde entonces ha sido así: “El humano se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la trae consigo”.
Autor Desconocido

sábado, 1 de septiembre de 2012

LA BOMBA DE AGUA



Cuentan que un hombre estaba perdido en el desierto, a punto de morir de sed.

Él llegó a una casita vieja -una cabaña que se desmoronaba- sin ventanas, sin techo, golpeada por el tiempo.

El hombre deambuló por allí y encontró una pequeña sombra donde se acomodó, huyendo del calor del sol desértico.
Mirando alrededor, vio una bomba a algunos metros de distancia, muy vieja y oxidada.

Se arrastró hasta allí, agarró la manija, y empezó a bombear sin parar.

Nada ocurrió. Desanimado, cayó postrado hacia atrás y notó que al lado de la bomba había una botella. La miró, la limpió, removiendo la suciedad y el polvo, y leyó el siguiente mensaje:

Primero necesitas preparar la bomba con toda el agua de esta botella, mi amigo
PD.: Haz el favor de llenar la botella otra vez antes de partir.
El hombre arrancó la rosca de la botella y, de hecho, tenía agua.

¡La botella estaba casi llena de agua! De repente, él se vio en un dilema:

Si bebía el agua podría sobrevivir, pero si volcase el agua en la vieja bomba oxidada, quizá obtuviera agua fresca, bien fría, allí en el fondo del pozo, todo el agua que quisiera y podría llenar la botella para la próxima persona; pero quizá eso no salga bien.
¿Qué debería hacer? ¿Volcar el agua en la vieja bomba y esperar el agua fresca y fría o beber el agua vieja y salvar su vida?
¿Debería perder todo el agua que tenía en la esperanza de aquellas instrucciones poco confiables, escritas no se sabía cuando?
Con temor, el hombre volcó todo el agua en la bomba. Enseguida, agarró la manija y empezó a bombear; y la bomba empezó a chillar. ¡Y nada ocurrió! Y la bomba chilló y chilló.

Entonces surgió un hilito de agua; después un pequeño flujo, ¡y finalmente el agua salió con abundancia! La bomba vieja y oxidada hizo salir mucha, pero mucha agua fresca y cristalina. Él llenó la botella y
bebió de ella hasta hartarse. La llenó otra vez para el próximo que por allí podría pasar, la enroscó y agregó una pequeña nota al billete preso en ella: ¡Créeme, funciona! ¡Necesitas dar todo el agua antes de poder obtenerla otra vez!

Podemos aprender cosas importantes a partir de esa breve historia:

Ningún esfuerzo que hagas será valido, si lo haces de la manera equivocada.

¡Aprende a mirar adelante y comparte! Aquel hombre podría haberse hartado y olvidarse de que otras personas que necesitasen del agua pudiesen pasar por allí. Él no se olvidó de llenar la botella y todavía supo dar una palabra de incentivo. Preocúpate con quien está cercano a ti, recuerda: sólo podrás obtener agua si la das antes. Cultiva tus relaciones, ¡y da siempre lo mejor de ti!

sábado, 25 de agosto de 2012

Navegamos rumbo... Rusia - Las dudas de Trioska

Encontrado en el blog "Cuento a la vista"


Texto por Rebeca Amado
Ilustración por Raquel Blázquez

Ahora que ha llegado el otoño y estamos instalados en la rutina es el mejor momento para viajar desde las aulas o desde el sofá de casa con la imaginación. Desde este pequeño rincón del gran océano Internet os propondremos cada semana un país al que viajar con la mente para aprender un poco más de cualquier parte del mundo. A través de leyendas, personajes inventados, y grandes aventuras crearemos la excusa perfecta para explorar la geografía, cocina, cultura y, por supuesto la literatura, de los cinco continentes.

Nos embarcamos en este gran viaje para despertar en los más pequeños una curiosidad imparable por ver conocer y comprender por sí mismos todo lo que nos rodea. Todo el mundo a bordo porque zarpamos ya ¡a la conquista de la libertad de pensamiento!


Esta semana rumbo a Rusia: “Las dudas de Trioska”
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La pequeña tienda de antigüedades que estaba junto a la Plaza Roja de Moscú pasaba desapercibida entre los transeúntes, excepto para aquellos turistas que sentían la curiosidad por llevarse un pedacito del antiguo Imperio Ruso. Cierto era que, al abrir su puerta, sus muebles de madera, su iluminación tenue, y la música de gramófono te transportaban a otra época. Una colección de muñecas tan antigua como la propia tienda presidía la estancia.

Una familia de madera que había llegado a manos de la abuela de la dueña, Doña Anastasia, en su décimo cumpleaños. La figura más pequeña de la colección se llamaba Trioska hija de Oska, y Ka y nieta de Matrioska; la gran figura madre que reinaba en la estantería, y que cada domingo por la tarde, cuando Doña Anastasia cerraba la tienda, les contaba la historia de su linaje.

“El invierno de 1890, uno de los más fríos que se recuerdan, el carpintero Serguei salió al bosque a recoger madera como de costumbre. La nieve cubría gran parte del suelo lo que dificultó mucho su tarea, pero justo antes de darse por vencido y volver a casa sin una sola pieza, se fijó en un montón de nieve que sobresalía en el llano. Se acercó pensando que se trataría de un animal agazapado y al agacharse vio el más hermoso de los troncos que nunca antes había recogido. La madera, blanquecina, parecía brillar bajo los primeros rayos, y del grueso del tronco surgía un halo de vida. Serguei cogió con todas sus fuerzas el tronco en sus manos y lo llevó a casa. El maese carpintero quedó fascinado con la energía que desprendía de aquel tronco, tanto que no supo qué fabricar con él. Una madera tan especial debía convertirse en algo único.

Serguei no pudo ni comer ni dormir durante varios días, la obsesión por aquel tronco lo perseguía día y noche. Finalmente cayó rendido por el cansancio y al despertar vio con claridad que de aquella pieza de madera saldría la más preciosa de las muñecas.

Una semana después tras horas y horas de trabajo de manos de Serguei nació Matrioska, la primera muñeca rusa. La belleza de la muñeca impidió a Serguei ponerla en venta. Cada mañana al despertar el creador daba los buenos días a su obra maestra hasta que, un buen día, Matrioska le devolvió el saludo. Serguei se sintió feliz por tener a alguien con quien hablar pero no pudo evitar darse cuenta de que Matrioska estaba triste.

Matrioska, un poco avergonzada, le explicó a Serguei que ella veía cada día por la ventana a los pájaros con sus crías, a los osos con sus oseznos, y hasta a las orugas que parecían verse perseguidas por millones de oruguitas que se enganchaban unas a otras, y ella sentía que querría tener una hija.
- Pero entonces -respondió Serguei- tendría que abrirte y sacar la madera de dentro de ti, y sería doloroso y nada fácil.

- Ya sabes que en la vida las cosas importantes siempre suponen pequeños sacrificios - respondió la dulce Matrioska.

Y así fue como el viejo Serguei abrió a Matrioska y extrajo cuidadosamente la madera de su interior para hacer una muñeca, casi gemela, pero un poco más pequeña, a la que llamó Trioska. Al cabo del tiempo Trioska sintió la misma necesidad de ser madre, y así fue como nació Oska. Cuando Oska pidió a Serguei que crease a su hija solo quedaba un pequeño trozo de madera y solo una muñeca más podría fabricarse. Entonces Serguei fabricó un pequeño muñeco, y antes de terminarlo, le dibujó unos enormes bigotes y lo puso ante el espejo diciéndole:

- Mira Ka,... tú tienes bigotes. Eres un hombre, o sea, recuerda que no puedes tener un hijo de dentro de ti. Y la familia quedó completa."

Y así fue como nos convertimos en el símbolo de Maternidad - finalizó la abuela Matrioska.

Acto seguido el abuelo Ka, siempre atento a la narración, apostillaba:

– No solo un símbolo de maternidad, sino un símbolo ruso tan internacional como la Plaza Roja, o tan imprescindible como el mismísimo Volga. ¡Un pilar de esta gran nación! - exclamaba.

Pero la pequeña Trioska había escuchado la historia demasiadas veces y para cuando la abuela Matrioska terminaba, su imaginación ya había volado a cientos de kilómetros de la tienda.

Un buen día Trioska escuchó desde la estantería cómo un turista le explicaba a su acompañante que el origen real de aquellas muñecas no era ruso, sino japonés. En un primer momento Trioska no daba crédito a lo que acababa de escuchar:

- ¡Cómo se atreve ese señor a contar semejante mentira! - pensó.

Al cabo del rato, tras reflexionar detenidamente, le asaltaron las dudas:

- ¿Cómo puedo estar tan segura de que aquel chico mentía? - se dijo. - Después de todo la historia de mi abuela es la única que he oído, nunca he salido de esta tienda, y ella tampoco. La historia de aquel chico de tierras lejanas puede ser tan cierta como la de mi abuela ¡vaya lío!

Las dudas no le dejaban pensar con claridad - No quiero disgustar a mi abuela ni a mis padres pero tengo que salir de aquí. Necesito ver otros lugares, conocer a más gente y algún día volver para contar mis propias historias - exclamó.

De repente,sin pensarlo dos veces, Trioska saltó hasta el bolso de aquel joven turista, rumbo a cualquier parte.

Para resolver las dudas de Trioska vamos a necesitar vuestra ayuda. Sabéis...
¿Cual es la relación entre las Matrioskas y Japón?
¿Cuál es el monumento más importante de la Plaza Roja? ¿Quién lo diseñó?
¿Qué o quién es Volga? ¿Rusia siempre se ha llamado Rusia?