Ilustraciones del alumnado de 2ºA del CEIP Octavio Augusto de Mérida
Poesía de Douglas Wright
Cuenta la historia que, debajo de mi pueblo, existe un lugar llamado Copihuapi. Este lugar está habitado por unos duendes pequeñitos, apenas del tamaño de un gato flaco. Sus narices son puntiagudas y sus orejas largas, casi tan largas como las de los conejos. Viven en forma muy organizada. Cada uno de ellos tiene una función específica que debe cumplir para que la comunidad no se desarticule. Hay cocineros, lavadores, médicos de duendes, maestros, agricultores, bomberos, pintores, constructores de casitas y todas las profesiones necesarias para que su sociedad siga adelante con comodidad. Excepto una: no hay fabricantes de gorros. Ningún copihuapense pudo aprender a hacer gorros ni sombreros y todos andarían con la cabeza descubierta si no fuera porque salen por las noches a cazar medias. |
Itzelina y los Rayos de Sol
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RESPETO AL BIEN COMUN
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EL TESORO AL FINAL DEL ARCOIRIS
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AMISTAD
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Había una vez, en un pueblo rodeado de montañas azules y desiertos, tres amigas que se querían mucho: se llamaban Rosy, Regina y Sofía ¡ Eran las mejores amigas del Mundo! Por las tardes, al salir de la escuela, se iban caminando juntas a sus casas.Un día, luego de salir de clases, se dieron cuenta que Sofía estaba llorando. De inmediato le preguntaron qué le pasaba. |
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LA NUEVA AMIGA CLARA
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AMISTAD, RESPETO A LA DIVERSIDAD
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Clara se alegró que por fin fuera sábado. Su papá le había dicho que ese día que iba a conocer a una nueva amiguita. Cuando llegaron a la casa de don Miguel, su esposa les abrió la puerta. -Hola Clara, Lucía está esperándote en la sala, tiene muchas ganas de conocerte-, le dijo la señora con una gran sonrisa. Clara también estaba muy impaciente por ver a Lucía, así que corrió al lugar donde le había dicho la señora que era la sala. Allí encontró a una niña sentada en una especie de silla con unas grandes ruedas a los lados. -¿Qué es ese carrito en el que estás sentada?-, preguntó Clara. -No es un carrito, es mi silla de ruedas-, respondió Lucía. -¿Y para qué sirve?, Clara sentía curiosidad. |